Arrancamos
las clases después del receso invernal con algo de carga teórica, pero con el
esfuerzo de relacionarla constantemente con ejemplos de la vida cotidiana. Y lo
hicimos para conocer y tratar de comprender parte de los modelos de la comunicación.
Partimos del
súper-conocido dibujito sobre el esquema de la comunicación, algo que ustedes
conocen a la perfección:
Bueno, ya
lo saben, se han cansado de dibujarlo y nunca le dieron demasiada importancia.
En realidad yo tampoco. Aunque la tiene. Porque muchas veces el éxito o el
fracaso de la comunicación tiene que ver con este esquema, que de tan sencillo
lo olvidamos y nos hace cometer errores comunicativos.
Un buen
ejemplo de ese error comunicativo lo cometió años atrás la cadena de cafés
Starbucks, que pidió perdón por Twitter por utilizar “productos nacionales”. En
el acto, una ola de RT y comentarios en Facebook, criticando ese particular "pedido de perdón".
Además de un mensaje poco meditado, eligieron el peor de los canales para dar
esa comunicación, por ser el más veloz, viral, inmediato, portátil y en tiempo
real que pudieran haber escogido. Ejemplos como éstos hay montones.
El modelo de Laswell
Lo que nos
pareció interesante ahondar fue en el llamado modelo de Laswell, y que tiene que ver con la
identificación de los diferentes componentes, llegando con ello a una buena
formulación del proceso de comunicación:
“¿Quién dice qué, a quién, en qué canal y con qué efecto?”
Si repasamos
punto por punto y respondemos las cinco preguntas, encontraremos los elementos
que componen la fórmula que identifica al emisor, mensaje, receptor, canal y resultado.
Lo que le
aporta Laswell a este modelo es justamente el tema de relacionar RESULTADO
con FEEDBACK. Y esto implica que el feedback puede no ser exclusivamente una
contestación verbal o comunicativa al mensaje del emisor, sino también una
respuesta de otro tipo, en el orden de las conductas. Si a mi clase yo les digo
“Cállense” y vamos a suponer que mis alumnos se callan, el “quién dice qué, a
quién, en qué canal”, ya lo saben, pero el “con qué efecto” es el que se
refiere al silencio de los alumnos. Es también una forma de feedback, aunque no
verbal, porque la comunicación ha causado un efecto y la respuesta a mi “cállense”
es el silencio en los alumnos. Por allí pasa entonces la cuestión del feedback
como sinónimo de efectos.
Cuando ese
feedback genera una nueva construcción comunicativa, el receptor pasa a
convertirse en emisor, se da vuelta el esquema, y ahora el efecto deberá
generarse en el emisor del primer mensaje, ahora convertido en receptor. Es
bastante sencillo, como lo pueden ver.
Otros dos modelos a considerar
Les había
agregado en clase los aportes de otros dos científicos que contribuyeron al
estudio de los modelos de la comunicación.
Uno de
ellos era Shannon, que en realidad era un matemático que trataba de darle un
abordaje más cientificista a la cosa y en su cabeza imaginaba más que una
persona comunicándose con otra, prefería pensar en un aparato transmitiendo
datos a otros. Es como que Shannon –matemático como era- se ponía más en el
lugar científico, fascinado por los avances comunicativos de su época (1949).
Entonces el
habla de Transmisor y Receptor, más bien pensando en las transmisiones
radiales, telefónicas o telegráficas. Y dentro del proceso comunicativo, coloca
antes del transmisor a la
Fuente y después del transmisor coloca al Destino. Allí podríamos
decir que pone a las personas. Entonces elabora este diagrama:
A mí personalmente no me fascina esta teoría, pero lo que tiene interesante de su aporte pasa por el interés que muestra por el Canal, preocupado para que no falle y para que la comunicación llegue sin interferencias o ruidos, desde la Fuente hasta el Destino.
Personalmente
no me suele gustar cuando se quiere hacer tan lógico/matemático algo que es tan humano como
la comunicación, pero claro, lo de Shanon va más bien apuntado a la cuestión de
la informática, la transmisión de información, la codificación/decodificación, cosas
de gran importancia sobre todo en el área de la ciencia.
Por eso
quizás prefiero algo más sencillo y “elástico” como el modelo que plantea
Jackobson (1981), que es más o menos así:
Digamos que
todo esto interviene de forma simultánea en la comunicación. Pero lo que me
interesa fundamentalmente es la cuestión del Contexto, porque en todas las
ocasiones, el éxito o el fracaso de las comunicaciones tiene que ver con el
hecho de que emisor y receptor compartan similares contextos.
En clase
les había dado el ejemplo de los problemas de comunicación entre los adolescentes
y sus padres. Y esto tiene que ver porque es una época en la que los contextos
de unos y otros parecen alejarse. Lo que para unos es importante, para otros no
lo es. A veces sus padres les hablan de cosas que no están dentro de su
contexto, y también pasa al revés: los adolescentes pretenden comunicar
cuestiones que no están dentro del contexto de sus padres.
Cuando
somos niños, es como que todo el contexto de nuestras vidas es abarcado de modo
completo por el contexto de los padres. A medida que crecemos vamos
incorporando conocimientos, intereses y experiencias que parecen alejarnos de
aquel contexto. Y entonces se dan los problemas de comunicación. Los padres
siguen creyendo que somos aquellos niños que ellos parecían comprender en su
totalidad, y los adolescentes creen que ya se han salido por completo del
contexto de sus padres, cuando en realidad todavía no es así.
De allí la
importancia de aquello con lo que insisto tanto que es la teoría del P.L.O.,
es decir, Ponerse en el Lugar del Otro. Hacerlo ayuda a comprenderse.


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