Me gusta
este término, sobre el cual honestamente desconozco si hay una elaboración teórica,
o si se está estudiando en alguna universidad.
Yo prefiero
hacerlo mío –hasta que alguien lo reclame como propio, y entonces se lo devolveré– porque me parece que es
un concepto que ha cambiado las comunicaciones en los últimos tres o cuatro
años.
Cuando se
popularizó la WWW,
allá por 1994, no se tenía conciencia de que estábamos frente a un nuevo medio
de comunicación, así como la radio, la prensa, la televisión. Bueno, ahora
también Internet.
Pero en
realidad la web durante muchos años no fue mucho más que prensa gráfica, pero
impresa en la pantalla de una PC. Alguien comunicaba mientras muchos otros
recibían y consumían lo que se comunicaba.
Abrir el juego
La cosa
cambió cuando a alguien se le ocurrió que la propia web debía comenzar a abrir el juego. Cuando aparecieron las
redes sociales, en las cuales la gente sintió que podía ingresar a Internet no
ya para ver qué decían los "comunicadores" o los líderes sociales, o las grandes empresas, sino para ver y leer lo que comentaban sus amigos y conocidos, qué
respondían a lo que él mismo decía, qué contenidos les recomendaban su gente de
confianza, qué estaba opinando la gente sobre lo que decían los medios.
Las grandes
páginas web como la de los diarios comenzaron a darse cuenta de que “se les
escapaba la tortuga”, de que había que hacer algo porque la gente les prestaba
cada vez menos atención. Ahora la atención estaba más bien en la relación entre
pares, en la comunicación horizontal, y no tanto en la comunicación vertical.
Entonces
empezaron a abrir los espacios para que la gente comente, participe, opine. Y
luego más espacios para que la gente proponga. Y luego más para que la gente
produzca, suba sus fotos, cuente sus historias.
Mientras tanto
las redes sociales explotaban. Ni hablar de Facebook, ustedes la conocen mucho
mejor que yo. Luego Twitter. Y antes que ambas, YouTube, una fabulosa plataforma para subir y compartir las propias creaciones, interactuar con las de los demás, comentar, recomendar, votar. Y más cerca en el tiempo, Instagram, o el ahora impostergable WhatsApp. Y la más pirada de todas: ¡SnapChat!
¡Una locura! ¿Cuál será la próxima estación en estas revoluciones?
¡Una locura! ¿Cuál será la próxima estación en estas revoluciones?
El océano comunicativo
Entonces de
pronto nos hemos dado con que la mayor tensión informativa, el escenario donde
se produce el máximo caudal de comunicación, la mayor cantidad de mensajes y de
contestaciones, ya no es en el esquema vertical y rígido de los grandes comunicadores
o medios, sino que está en el océano de usuarios, que interactúan con los
medios masivos, pero también están conectados entre sí. Que se conectan para
recomendar lo que es bueno y criticar lo que es malo. Que consagran o condenan
contenidos, que los distribuyen, comentan, elogian o masacran antes que los propios medios. En fin, muchos cambios en muy poco tiempo.
En clase les daba el ejemplo de los programas de radio, que abren espacio para que los oyentes dejen sus mensajes. Todavía ése es un esquema de comunicación muy rígido y limitado, en el cual es poca la gente que contesta, no tienen relación entre ellos, no hay posibilidad de dar difusión a todos los comentarios, y rara vez se contestan.
Me pregunto para estos casos, qué porcentaje de la programación de una radio se dedica a la difusión de los propios mensajes de la emisora (lo que hablan los locutores, las cortinas musicales, las publicidades, entrevistas, etc.), y qué porcentaje queda para escuchar a los usuarios. No me animo a hacer una estimación seria, pero tranquilamente podríamos decir que es de 9 a 1 y tal vez me quedo corto.
Muy distinto es el esquema de los comentarios en la web, donde los usuarios pueden contestarse mutuamente y hasta votar por los comentarios que más les gusta; donde también el autor de un artículo puede interactuar con sus lectores, hacerles aclaraciones, corregir errores que le marcan los usuarios, contestar críticas, agradecer elogios.
Hacia allí tiende la nueva comunicación, en un esquema muy diferente al que estábamos acostumbrados.
Mucho más llamativo es en el caso de las redes sociales como Facebook. Y los invito a que nos hagamos la misma pregunta: qué porcentaje de los contenidos que yo veo en mi pantalla son producidos efectivamente por Facebook o sus auspiciantes, y qué porcentaje es obra del público. Coincidimos en que en este caso la proporción será de 1 a 999. Y tal vez me quedo corto.
Totalmente a la inversa, y éste no es un dato menor, más aún si tenemos en cuenta de que después de Google, la página de Facebook es la más visitada de la web. A fines de agosto de 2015, esta plataforma informó que se registraron mil millones de usuarios conectados al mismo tiempo. Eso significa que en un determinado momento, 1 de cada 7 personas en el planeta Tierra estaba usando la plataforma de FB.
En clase les daba el ejemplo de los programas de radio, que abren espacio para que los oyentes dejen sus mensajes. Todavía ése es un esquema de comunicación muy rígido y limitado, en el cual es poca la gente que contesta, no tienen relación entre ellos, no hay posibilidad de dar difusión a todos los comentarios, y rara vez se contestan.
Me pregunto para estos casos, qué porcentaje de la programación de una radio se dedica a la difusión de los propios mensajes de la emisora (lo que hablan los locutores, las cortinas musicales, las publicidades, entrevistas, etc.), y qué porcentaje queda para escuchar a los usuarios. No me animo a hacer una estimación seria, pero tranquilamente podríamos decir que es de 9 a 1 y tal vez me quedo corto.
Muy distinto es el esquema de los comentarios en la web, donde los usuarios pueden contestarse mutuamente y hasta votar por los comentarios que más les gusta; donde también el autor de un artículo puede interactuar con sus lectores, hacerles aclaraciones, corregir errores que le marcan los usuarios, contestar críticas, agradecer elogios.
Hacia allí tiende la nueva comunicación, en un esquema muy diferente al que estábamos acostumbrados.
Mucho más llamativo es en el caso de las redes sociales como Facebook. Y los invito a que nos hagamos la misma pregunta: qué porcentaje de los contenidos que yo veo en mi pantalla son producidos efectivamente por Facebook o sus auspiciantes, y qué porcentaje es obra del público. Coincidimos en que en este caso la proporción será de 1 a 999. Y tal vez me quedo corto.
Totalmente a la inversa, y éste no es un dato menor, más aún si tenemos en cuenta de que después de Google, la página de Facebook es la más visitada de la web. A fines de agosto de 2015, esta plataforma informó que se registraron mil millones de usuarios conectados al mismo tiempo. Eso significa que en un determinado momento, 1 de cada 7 personas en el planeta Tierra estaba usando la plataforma de FB.
Ésa es la
revolución del feedback, que ha generado un entramado mucho más complejo,
democrático, activo y apasionante que aquel esquema comunicativo que estudiaron científicos como Laswell, Shanon, Jackobson y tantos otros (que vimos en clases anteriores).
La mayoría de los teóricos de la comunicación del siglo XX asignaban normalmente un protagonismo mucho mayor a los emisores tradicionales (de los medios de comunicación masiva), y le dejaban a los receptores un rol pasivo y voluntarista, que como mucho consistía en mandar una carta de lectores con su opinión, o dejar grabado un mensaje en un contestador. El feedback para muchos de ellos era algo casi "residual", una reacción, un efecto ¿te acordás?
Pero me temo que los tiempos y la tecnología han cambiado. Y estoy seguro de que ni el mejor de todos esos pensadores se hubiera imaginado que la comunicación llegaría a este nivel de revolución, el de la comunicación horizontal, el de la revolución del feedback.
La mayoría de los teóricos de la comunicación del siglo XX asignaban normalmente un protagonismo mucho mayor a los emisores tradicionales (de los medios de comunicación masiva), y le dejaban a los receptores un rol pasivo y voluntarista, que como mucho consistía en mandar una carta de lectores con su opinión, o dejar grabado un mensaje en un contestador. El feedback para muchos de ellos era algo casi "residual", una reacción, un efecto ¿te acordás?
Pero me temo que los tiempos y la tecnología han cambiado. Y estoy seguro de que ni el mejor de todos esos pensadores se hubiera imaginado que la comunicación llegaría a este nivel de revolución, el de la comunicación horizontal, el de la revolución del feedback.

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