El primer concepto que podemos manejar de ruido es lógicamente el ruido físico. ¿No les cuesta horrores comunicarse cuando están dentro de un boliche? Bueno, las causas son obvias, la música alta no los deja escucharse.
También se considera ruido cuando hay alguna interferencia de tipo técnica. Cuando por ejemplo la antena de TV no toma bien la señal. DirecTV suele tener problemas cuando hay tormentas, cuando se pierde la señal satelital y se pixela la pantalla. Lo mismo pasa con la radio, cuando no sintonizamos correctamente la señal.
Un ejemplo claro de ruido con el que solemos renegar cotidianamente es el de la señal de celular. Cuando tenemos mala señal la comunicación se entrecorta, nos cuesta comprender lo que dice el otro, no nos comunicamos de modo fluido, e incluso a veces se corta.
Los otros ruidos
Pero también debemos interpretar al ruido en un sentido más amplio, considerándolo “todo aquello que impide o dificulta la comunicación”. Entonces también será ruido, por ejemplo, la distracción del receptor, como pasa con muchos alumnos durante las clases. No escuchan al profe no porque haya ruido o interferencia, sino porque están con la cabeza en otro lado. A todos nos pasa en algún momento.
Pero la culpa del ruido no está siempre en el canal o en el receptor. También el emisor puede provocar ruido en su propia comunicación, cuando no habla con claridad, cuando no adapta su mensaje a su receptor, cuando no se pone en el lugar del otro para establecer la comunicación. Entonces volviendo al ejemplo de clase, el ruido puede también ser causado por el profe. Claro que sí.
Por eso me gusta tomar el concepto más amplio de ruido como cualquier perturbación en la transmisión del mensaje. Y entonces el ruido es el enemigo a combatir en la comunicación.
¿Cómo se lo logra evitarlo? Bueno, es un poco lo que hablamos al referirnos a comunicación estratégica.
Lo primero que tiene que hacer es plantearse las hipótesis de ruido. Es decir, antes de lanzar su mensaje, o más bien al momento de elaborarlo, el emisor se pregunta: ¿A ver, che, tengo que dar este mensaje, pero cuáles son los posibles ruidos con lo que mucho probablemente me voy a enfrentar?
De acuerdo a las respuestas que obtenga es cómo va a adaptar el mensaje. Pero está claro que siempre o casi siempre el gasto lo hace el emisor. Es el que tiene que asegurarse de que se reduzca al mínimo toda posibilidad de que falle la comunicación.
Aquí te agrego unas ideas para resolver algunas de las hipótesis de ruido:
¿Cómo se lo logra evitarlo? Bueno, es un poco lo que hablamos al referirnos a comunicación estratégica.
Lo primero que tiene que hacer es plantearse las hipótesis de ruido. Es decir, antes de lanzar su mensaje, o más bien al momento de elaborarlo, el emisor se pregunta: ¿A ver, che, tengo que dar este mensaje, pero cuáles son los posibles ruidos con lo que mucho probablemente me voy a enfrentar?
De acuerdo a las respuestas que obtenga es cómo va a adaptar el mensaje. Pero está claro que siempre o casi siempre el gasto lo hace el emisor. Es el que tiene que asegurarse de que se reduzca al mínimo toda posibilidad de que falle la comunicación.
Aquí te agrego unas ideas para resolver algunas de las hipótesis de ruido:
- Apoyar su comunicación verbal con la comunicación no verbal: gestos, dramatización, comunicación facial, movimiento corporal
- Combinar pluralidad de canales o códigos para expresar la misma idea. Lo auditivo, lo escrito, las imágenes, las palabras, los símbolos, la comunicación kinésica.
- Oratoria. Buscar las mejores palabras, prepararse, tratar de agradar al receptor. Trabajar con una estrategia de seducción discursiva, que vaya envolviendo al receptor para que no le quede otra que escucharte. En esta cuestión suelen ser una gran ayuda los chistes o el humor en general, la sorpresa, la tensión, el suspenso, etc.
- Reducir los elementos disruptivos o de distracción. Asegurarse que el receptor me pueda escuchar porque no hay sonido ambiente; desactivar otras posibles fuentes de ruido, esforzarme para determinar si el receptor no está pensando en otra cosa. En caso de ser así, y si no se puede corregir, tal vez sea mejor dejar la comunicación para otro momento más propicio.
- Facilitar la participación y el feedback del receptor, para que éste no se sienta un sujeto pasivo sino que sea parte de la dinámica comunicativa.
- Escuchar al receptor cuando éste nos pregunta, nos aporta o nos corrige.
- Reducir al mínimo las ambigüedades o la posibilidad de que alguna frase, palabra, expresión o imagen pueda entenderse de una manera distinta. Incorporar aclaraciones (pero no redundar demasiado, para no aburrir).
- Hacer control de calidad, verificando cada tanto si el receptor nos está siguiendo y nos está entendiendo.
- Y siempre, pero siempre siempre, ponerse en el lugar del otro. Es decir, ubicarnos en su lugar e intentar identificar qué piensa, qué siente y qué desea el receptor en el momento en el que le estoy hablando.
- ¿Se te ocurre alguno más?

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