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miércoles, 7 de septiembre de 2016

La maravilla de comunicar sin palabras


Recordás vos y recuerdo yo que al inicio de este trimestre aclaré que teníamos que abordar un poco de teoría. Y bueno, cuestión de arremangarse y darle para adelante.
La cuestión es que aún con ello, nos la arreglamos para buscar buenos ejemplos de la vida cotidiana, y también matizarlos con un juego, el inmortal "Dígalo con mímica" que nos ayudó a entender un poco mejor esto de la comunicación no verbal o kinésica. 
Sé que hay gente, estudiosos, a los que le apasionan esos temas, pero a mí me queda la sensación de que lo que se logra es complicar lo que debería ser muy simple. Emisor, mensaje, receptor, ruido, canal, contexto y ya paremos de contar porque de tanta teoría de la comunicación terminamos quedándonos mudos. Pero bueno, no está mal comprender algunas cuestiones centrales que nos ayudarán.

Pero en realidad lo que les quería contar fue la sensación que tuve luego de explicarles a mis alumnos la diferencia entre comunicación verbal y comunicación kinésica (o no verbal). Está claro que en la comunicación no verbal, lo que la distingue es que no se recurre a la utilización de palabras (ni orales ni escritas), ni de ningún símbolo lingüístico. Es todo percepción, sin una "traducción" única al lenguaje verbal.
No les fue nada complicado de entender, pero creo que lo que más les sorprendió fue la gran cantidad de modalidades que tenemos los seres humanos para comunicarnos sin palabras.
Cuando los chicos se callan, cuando hacen silencio, cuando responden con ejemplos, ahí te das cuenta de que les está interesando lo que uno dice. Y bueno, esta vez tocó con la comunicación no verbal. Creo que los ejemplos fueron los que pegaron bien.
Veamos un poco la clasificación que encontré en algunos libros.
Decíamos que la comunicación kinésica básicamente incluía a la comunicación que no necesariamente tiene traducción directa en palabras. O que puede ser traducida en varias palabras diferentes o complementarias. Digamos que no tiene una traducción unívoca, o sea única. Pueden ser varias.
En el comportamiento kinésico habíamos incluido:
     Los movimientos corporales (brazos, manos, cabeza, y también las gesticulaciones que se hacen con el rostro)
     Los elementos del sistema neurovegetativo. Como ser ponerse pálido ante el miedo o colorado de vergüenza (¡o de amor!). También la dilatación de las pupilas, los ojos brillosos, y una serie de elementos que todos coincidieron como muy habituales.
     La cuestión de la postura. El que está tirado como en reposera en el aula difícilmente esté expresando atención hacia la clase. Pero había también otros ejemplos interesantes.
     El comportamiento táctil. ¡Las caricias! Mucho decimos con las caricias, ¿verdad?
     El comportamiento territorial o proxémico (¡qué palabrita! viene de "proximidad"). Este tiene que ver con el lugar físico que ocupamos. Si alguien se nos acerca demasiado, nos molesta, nos sentimos invadidos, desafiados. Es como cuando se arma una pelea y los dos contendientes se acercan cara con cara a desafiarse.
     Y la última, sobre la cual las chicas son las más despiertas para detectar, era la cuestión de la vestimenta. Qué estamos diciendo con el modo de vestir, cómo refleja nuestro ánimo y también nuestras intenciones.
Bueno, interesante creo yo. Lo más interesante era justamente darnos cuenta cómo comunicamos con todo esto, y qué eficientes son estas modalidades para reforzar lo que estamos diciendo de modo verbal. Combinar bien estas herramientas comunicativas resulta una forma fantástica de transmitir un buen mensaje. Al menos a esa conclusión llegamos entre todos. 

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