Hicimos el ejemplo en clase y creo que se entendió bien.
La frase colgada en la puerta de un ascensor y que dice:
“Atención: Se ruega a todos los posibles usuarios de este ascensor que con la finalidad de evitar averías inútiles, procuren en la medida de lo posible utilizarlo para subir o bajar tan sólo tres personas adultas de peso normal. Muchas gracias por su atención, la Junta Directiva del Consorcio”.
Puede ser perfectamente reemplazada por la siguiente:
“Atención: Sólo para 3 personas”.
En la primera se utilizaron 49 palabras y 292 caracteres en total, incluyendo los espacios. En la segunda se usaron 5 palabras y 30 caracteres.
Todos coincidiríamos en que la segunda pieza comunicativa resultará mucho más efectiva que la primera. En la frase larga, es probable que el lector se distraiga o se pierda en el camino. O que al ver un texto tan largo ni siquiera lo lea. O si lo leer hasta no termine de comprenderlo, dada la abundancia de palabras y expresiones inútiles.
En el caso de la segunda, el mensaje es claro, conciso y contundente. No puede haber nadie que no lo comprenda, y no le lleva más que unos pocos segundos interpretarlo.
Entonces decimos que en el primero hay ruido. Mucho ruido. Y en el segundo no. El mensaje del segundo cartel se transmite, sin interferencias ni interrupciones.
El recurso de repetir y repetir
No obstante, la redundancia es en ocasiones una herramienta que bien utilizada puede favorecer la comunicación. Ejemplos hay muchos, pero habíamos traído el caso de lo que un profe puede decir en clase, remarcando varias veces los puntos centrales de los contenidos o las consignas que está dando, e incluso haciéndoselos repetir a los alumnos. Es sin dudas un método muy utilizado en la comunicación.
Otro ejemplo es el de la publicidad y propaganda. De tanto repetir una marca, termina ingresando en la cabeza del consumidor, a la manera de “top of mind” o marca de referencia, como es el caso de Tarjeta Naranja, de la que también hablamos.
En definitiva, la redundancia tiene ese doble aspecto. Puede convertirse en ruido, pero también puede asegurar y ratificar la comprensión de un mensaje. Pero hay que saber usarla.

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